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Bienvenidos al Blor de Lupercus.
El Guardián del Umbral
Probé del Fruto Prohibido
Caminé a través del Árbol de
Sobre sus diez ramas
La luz de
Sin embargo, la prueba mayor se avecina
¿Seré capaz de atravesar el Umbral?
Frente a mí, separándome de la dulce gloria
De atravesar el Umbral
Se irguió ominoso el diabólico Guardián...
Al contemplar el aspecto del monstruo
Se llenó mi corazón de terror
Helo allí, arrogante e iracundo
Una bestia, un demonio, una sombra
Su rostro es la muerte
Sus ojos son la oscuridad perpetua
Su risa es el cavernoso repicar de la locura
Deseo regresar, dejar este sueño
Pero no puedo. Si despierto de este viaje onírico
Me arriesgo a perder el Conocimiento que he probado
Del dulce néctar de
La fruta que es amarga en el paladar
Pero que sacia toda sed y toda hambre
De la serpiente que duerme dentro de mí, y que desperté
Y que me susurró al oído secretos iniciáticos
Debo hacerlo...
Confrontar al Guardián del Umbral
A ese demonio incontenible, a esa fuerza de maldad pura
A esa crueldad inconcebible, a esa oscuridad insondable
A ese que mora en el Abismo Infinito
Al lado de los seres que reptan en la fétida decadencia
Que gozan de los manjares del Demiurgo
Esta es una guerra que tendré que librar
Contra él
Lo odio
No se si ganaré ante tan formidable enemigo
Pero debo intentarlo, así que enarbolo mi espada
Una espada brillante y flamígera
La batalla es encarnizada
Sólo uno de los dos sobrevivirá, y él monstruo lo sabe
Me ataca con todo su poder
Siento que sucumbo ante su profunda maldad
Ante su alma podrida
Siento que me pierdo en los abismos más allá de las estrellas
Que mi alma se pierde, devorada por siempre
Entre las fauces del Demiurgo
Sat(urno, Cronos, Arim)án
¡No tomarás mi alma!
Me resisto, y escucho la voz de mis ancestros
Claman desde sus tumbas
Claman por medio de mi sangre
Claman por medio de mi mente
Brotan y provienen de entre las sombras de una Edad muy antigua
De cuando
Y de cuando los Antiguos Dioses todavía poblaban este mundo
En el Nombre de Odín, quien perdió su Ojo a cambio de
En el nombre de Sirius, quien perdió su Corona a cambio de
En el nombre de Buda, quien perdió su Principado en nombre de
Cerceno tu cabeza, espantosidad, abominación, criatura execrable,
Espíritu inmundo, aberración, demonio, monstruo
He dado muerte a
Me horrorizo al observar la cara de
Es mi rostro, idéntico en cada detalle
Tuve éxito, soy victorioso
Puedo penetrar al Umbral, y recibir
Y deleitarme con los Frutos Prohibidos
Y gozar de los Secretos y los Misterios y los Arcanos
Y ser Uno con el Absoluto
Y volver, despertar
Habiendo subido un peldaño más en
Así sea
Mi amor por ti.
Mientras me sumo en las tinieblas de la noche,
y me acabo las sobras de mi integridad,
desespero, asolado por mi amor hacia ti.
Y yazgo aquí, desesperado en lo oscuro,
porque mi amor por ti,
se pierde en las tinieblas.
¡Oh, cruel destino!
¿Donde está mi amada ahora?
¿Quien disfruta de sus besos?
¿Quien goza sus abrazos?
¡Me enloqueces!
¡Me entristeces!
¡Me atormentas!
¡Te amo! ¡Te odio!
¡Te odio! ¡Te amo!
Estoy aquí, refugiado,
entre crueles imágenes sádicas,
de ti y de tu elegido.
Me desgarra las entrañas,
pensar en mi amor por ti.
Mientras me sumerjo en las amargas lágrimas,
disfruta tú de tu amor correspondido.
Porque tú mereces la felicidad y la dicha,
que el Universo me negó a mí.
Porque tú debes ser amada,
aunque el dueño de tu amor sea otro.
Ama con fuerza e intensidad,
ya que mi amor ha quedado enterrado,
en las profundidades de la indiferencia.
¡Me enloqueces!
¡Me entristeces!
¡Me atormentas!
¡Te amo! ¡Te odio!
¡Te odio! ¡Te amo!
Que se apaguen las estrellas,
y se pierdan los sueños,
que se acaben las poesías,
pero que mi amor por tí perdure hasta el fin del tiempo.
Me Persiguen.
Me persiguen los hipócritas, que censuran mis palabras.
Me persiguen los ignorantes, que rechazan mis ideas.
Me persiguen los beatos, que reprimen mis deseos.
Me persiguen los opresores, que desean mi sumisión.
Pero alzaré mi puño y mi voz, contra la maligna represión,
que los ignotos puritanos, me desean imponer. Y repudiaré sus falsas doctrinas,
repletas de ignominiosas hipocresías y de letanías insensibles.
Pero alzaré mi puño y mi voz, contra el Estado Opresor,
que explota a mi pueblo, y somete a mis hermanos,
que desea sempiterno, la esclavitud y la sumisión.
Pero alzaré mi puño y mi voz, contra los cerrados de mente,
que rechazan tajantemente, cualquier concepto diferente,
que repudian sin sentido, a quien piensa ideas novedosas,
que discriminan a los que diferimos, de su estricto esquema.
Me persiguen los hipócritas, que censuran mis palabras.
Me persiguen los ignorantes, que rechazan mis ideas.
Me persiguen los beatos, que reprimen mis deseos.
Me persiguen los opresores, que desean mi subordinación.
Aquellos de nosotros, que logramos autonomía,
de la maquinaria opresora, que a horrores nos sometía,
anhelamos imperantemente, la destrucción de ese sistema,
fascista, infecto y pútrido,
de despreciables sátrapas indecentes,
que sus ideas quieren imponer.
Y repudiamos inmutables, el altar falso y materialista,
que nos venden los fanáticos,
plagado de falsedades y dogmas,
y gran negocio para los clérigos ambiciosos.
Me persiguen los hipócritas, que censuran mis palabras.
Me persiguen los ignorantes, que rechazan mis ideas.
Me persiguen los beatos, que reprimen mis deseos.
Me persiguen los opresores, que desean mi esclavisación.
Pero no por mucho...
La Revolución.
Ya se acerca, ya se acerca,
escuchen todos, la esperada noticia,
ya se acerca, ya se acerca,
Ya se acerca, la esperanza,
de que a los obreros llegue la emancipación.
Y se aproxima, indudablemente,
la liberación tajante, de los pobres y la gente,
de la maligna burguesa opresión.
Cantemos felices, celebremos alegres,
porque las cadenas de los capitalistas se romperán en nuestras manos.
Cantemos felices, celebremos alegres,
porque el pueblo se librará de la maligna y nociva ambición,
de los poderosos fascistas.
Y el día llegará, glorioso y magnánimo,
en que iguales seremos todos,
Y el día llegará, anhelado y luchado,
en que derrocaremos a los explotadores, y triunfará
Así que sonrían, pobladores, sonrían felices,
de que la sangre derramada, por tantos libertadores,
coronará el triunfo majestual, de
Ya no temo a ese ser opresor.
Ya no temo a ese ser opresor,
ese ser en los altares y los templos,
que domina con su puño de hierro,
y azota con su imperioso látigo,
a los borregos sometidos.
Porque ahora sé que tal entidad no puede ser real,
y mi mente sabe que es sólo un cuento de hadas,
porque tal crueldad e hipocresía no pueden provenir
de un supuesto padre amoroso.
Ya no temo a ese ser opresor,
que inspira matanzas y guerras interminables,
por que ahora se que es imaginario,
un invento para extraer dinero, servicio y sumisión.
Ya no temo a ese ser opresor,
que sólo sirve para engordar a sus sacerdotes,
y a su iglesia enriquecida, ante el hambre de los pobres.
Ya no temo a ese ser opresor,
ni a sus gordos, ricos y vagos representantes,
ni a su lujosa y ostentosa iglesia,
ni a sus altares palaciegos,
ni a sus leyes arbitrarias,
ni a sus represiones injustas,
ni a su crueldad sádica.
Soy libre, libre de sus dogmas,
libre de los mitos primitivos,
libre de los codiciosos jerarcas.
Libre, para vivir en paz.
Mis Hermanos.
Océanos de sangre,
derramados por mis hermanos,
se despliegan ignominiosos,
por las garras de la opresión.
Hermanos que murieron,
buscando la liberación.
Hermanos que perecieron,
como mártires de la revolución.
Por siempre serán héroes,
mis hermanos queridos,
descansen en nuestro corazón,
les agradecemos su sacrificio incomparable.
Aún tañen las campanas,
aún suenan los disparos,
aún mueren los inocentes,
aún lloramos sus muertes.